viernes, 13 de febrero de 2015

MEMORIAS DE UN RÍO LLAMADO GUADIANA

A
llí estaba yo, esperándoles con mis mejores galas, incluso había acordado con las nubes y la lluvia que para ese día se tomaran un descanso.

Me cuentan las cigüeñas, que a mi vienen para beber, que la ruta comenzó en la fuente "Homenaje al agua". ¡Qué mejor lugar para empezarla!

La espera se hizo algo larga, ya que me dicen, que fueron paseando en torno a los almendros que ya vestían sus mejores galas, me cuentan que pararon en el "Molino de la Rabia", donde mi primo, el río Matachel, en años pasados prestaba sus aguas para hacerlo funcionar.

Continuaron aledaños a mi primo, hasta que llegaron a mí. Matachel y yo nos fundimos en un gran abrazo, donde nos despedimos y yo seguí de guía a los senderistas.

Les llevé hasta una zona de descanso, donde les esperé mientras reponían fuerzas.

La marcha continuó entre bellos paisajes de ribera, puentes que me atravesaban para llegar a "Miralrío", una urbanización situada muy cerca de mis aguas, donde destaca la grandeza de sus chalets.

Tras ello les acompañé hasta la antigua fábrica de la luz "El Berrocal" que yo mismo hice funcionar y que ahora se ha convertido en un centro de interpretación sobre mí.

Por el grupo escuché decir que se habían manifestado a través de lo que ahora llaman las redes sociales sobre el cierre de este lugar los fines de semana, manifestación a la cual apoyo. Es una lástima que un lugar que yo vi construir y que ahora fulgura hermoso, se encuentre cerrado y con unos horarios nada flexibles para muchas asociaciones.

Tras la parada obligada para las fotografías, continuaron su rumbo a la ciudad de pasado romano, Emerita Augusta, pero sin olvidarme de la senderista más rezagada, novatilla pero con muchas ganas.
Quiero aprovechar esta oportunidad que me dais para dar un consejo aquellos senderistas novatos que se hayan incorporado recientemente a esta nueva aventura. Deciros que el senderismo es un bello deporte, donde cada caminante va a su ritmo ya que no todos pueden llevar el mismo paso. Por eso sí, si aún no os veis preparado para rutas algo largas, empezar con las más cortas que se propongan desde vuestra asociación y poco a poco iréis poniéndoos en forma.

Tras este pequeño consejo, continúo relatando lo que de sí dio la ruta. Continuaron guiados por el sonido de mis aguas, para llegar hasta la hermosa colonia de cigüeñas en una antigua construcción abandonada, que protege la entrada a Mérida, lugar obligado de parada para contemplar la hermosura de la naturaleza y quedarla inmortalizada en fotografías.

Unos metros más adelante y si giraban la vista atrás, podían divisar el Cerro de la Culebra, coronado por su torre del homenaje, entre los reflejos del sol en mis aguas y los árboles decorando mis riberas.

Ya quedaba poco para llegar a la ciudad de Mérida, donde fueron recibidos por la hermosa imagen de cuatro puentes. Cuatro puentes que evocan a cuatro épocas distintas de la ciudad que se erigió entorno a mis orillas.

Y aquí termina mi paseo con estos nuevos amigos que he acompañado a lo largo de algo más de 20 kilómetros. Yo continúo mi rumbo hacia Portugal, donde me encontraré de nuevo con mi padre, el Océano Atlántico.

Espero que pronto volváis a visitarme.

Texto de Nicolás Megías Berdonce.










































































Fotografías de Nicolás Megías Berdonce.

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